Autor: UNOi

Fecha: 14 de agosto de 2013

¿Tiene sentido la prohibición del celular en las escuelas?

por Luciana María Allan*. PorVir. 30/07/13    «El objetivo principal de la educación es crear hombres que sean capaces de hacer cosas nuevas, no simplemente repetir […]

Teenage Schoolboy Text Messaging At Desk
Foto: © Tyler Olson/depositphotos.com

por Luciana María Allan*. PorVir. 30/07/13   

«El objetivo principal de la educación es crear hombres que sean capaces de hacer cosas nuevas, no simplemente repetir lo que otras generaciones han hecho. Hombres que sean creadores, inventores, descubridores. El segundo objetivo es formar mentes que sean capaces de criticar, verificar y no aceptar todo lo que se les proponga».

La frase, de Jean Piaget, no podía ser más actual, pero necesita encontrar eco en los nuevos retos ahora impuestos a los educadores en la formación de una generación de estudiantes que son nativos digitales.

No es raro escuchar a los pesimistas de ofició, incrédulos de la adopción de nuevas tecnologías en las escuelas, especialmente en las instituciones públicas que reciben a los estudiantes con condiciones sociales más precarias, con el argumento de que no sólo no hay recursos para invertir en la compra de equipo y que la escuela tiene prioridades más urgentes, pero también que estos jóvenes no tienen la cultura necesaria para usar las computadoras, tabletas, software o buscar en Internet.

¿En serio? Antes de hacer un análisis del entorno escolar, cabe evaluar el comportamiento de esta nueva generación en cuanto al acceso y uso de las tecnologías digitales. Basta una mirada más atenta para darse cuenta de que, como sucedió con la radio y la televisión, los celulares, tabletas y computadoras en general, están cada vez más presentes en los hogares de las clases menos favorecidas, creando así un escenario bastante favorable para la adopción de este tipo de tecnología en las escuelas.

Según una encuesta reciente realizada por el CEBRAP (Centro Brasileño de Análisis y Planificación), con el apoyo de la Fundación Víctor Civita con estudiantes de educación media, con edades comprendidas entre 15 y 19 años, que viven en Sao Paulo y Recife y tienen un ingreso familiar inferior a 2,500 reales, casi el 60% posee un teléfono móvil o dispositivo con acceso a Internet y más de una cuarta parte de ellos los han utilizado para estudiar y llevar a cabo las actividades escolares.

En lugar de contener el uso del celular, las escuelas deberían incorporarlo como un recurso que ya tiene una fuerte conexión con la rutina de los estudiantes. Si se emplean  bien y con una planeación bien elaborada, pueden contribuir en gran medida a que los estudiantes participen en un proceso de aprendizaje basado en proyectos, participando en actividades desafiantes y que estén conectadas a lo cotidiano del alumno. Las escuelas deben fomentar la creación de contenidos y el desarrollo de proyectos educativos y pedagógicos que se convierten en una poderosa herramienta de enseñanza-aprendizaje.

Es en las primeras páginas de los Parámetros Curriculares Nacionales (PCNs) se puede leer que el objetivo final de la escuela secundaria es preparar a los estudiantes para continuar sus estudios, acceder al mercado laboral y ejercer su ciudadanía. Pero, ¿será que la organización de nuestras estrategias de enseñanza están apoyando eficazmente estos desafíos?

Todo parece indicar que aún no. En una encuesta realizada a 63 directivos de grandes empresas, publicado por la revista Você S/A, mencionaron que buscan jóvenes que sepan comunicarse bien en forma oral y escrita , tengan un buen razonamiento lógico, sepan investigar, relacionarse bien, usar tecnología, administrar bien el tiempo, preservar el medio ambiente y hacer trabajo voluntario. Es decir, mucho más que personas con conocimientos técnicos, las empresas están buscando personas que tengan actitud, iniciativa, creatividad y resiliencia.

Para que la escuela pueda atraer y motivar a los estudiantes de la generación que nació digital es necesario evaluar algunos puntos, como por ejemplo si el plan de estudios que se está trabajando es relevante y tiene sentido para los estudiantes; si las estrategias de enseñanza son instigadoras y desafiantes, colocando al estudiante en el centro del aprendizaje y colaborando en el desarrollo de sus competencias y habilidades básicas para tener una mayor participación en la sociedad; y, por supuesto, si los recursos que apoyan estas iniciativas son los más apropiados.

El celular puede permitir a los estudiantes a buscar en la Internet, crear texto, grabar videos, tomar fotos, producir podcasts, almacenar datos y compartir todo el material en las redes sociales y blogs; permitiendo, incluso, desarrollar proyectos de colaboración entre estudiantes de diversas escuelas y hasta de otros países, entre otras varios recursos que harán que el proceso de enseñanza-aprendizaje sea mucho más emocionante.

Adoptar las tecnologías digitales en la educación es un camino sin vuelta atrás. Pero no es necesario reinventar la rueda. Agregar el celular como una herramienta de enseñanza puede ser ya un excelente comienzo. Prohibir su uso en las escuelas hace que los estudiantes se sientan en una prisión, según la investigación llevada a cabo por el CEBRAP.

Ya hay varias empresas que desarrollan aplicaciones de software con fines educativos para teléfonos inteligentes. Después de todo, si el teléfono es una herramienta de uso profesional, ¿por qué los estudiantes no pueden usarla en la escuela? ¿No es acaso un papel clave de la escuela preparar a los estudiantes para el mercado profesional? Así que, ¿qué sentido tiene obligar al estudiante a dejar el celular en casa?

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* Luciana María Allan es Directora del Instituto Crescer para a Cidadania y doctora en educación por la Universidad de São Paulo (USP) con especialización en tecnología aplicada a la educación.

El artículo original puede leerse en: http://porvir.org/porpensar/proibicao-celular-nas-escolas-faz-sentido/20130730. Traducción: UnoNews.

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