Autor: UNOi

Fecha: 27 de febrero de 2014

Poder y autoridad

por Dionisia Pappatheodorou     “Los tiranos se rodean de hombres malos porque les gusta ser adulados y ningún hombre de espíritu elevado les adulará« Aristóteles La […]

Imagen: © eltoro69/depositphotos.com
Imagen: © eltoro69/depositphotos.com

por Dionisia Pappatheodorou    

Los tiranos se rodean de hombres malos porque les gusta ser adulados y ningún hombre de espíritu elevado les adulará«

Aristóteles

La idea de libertad e independencia han estado presentes a lo largo de toda la historia, y numerosas batallas se han desatado en su nombre; no obstante, con demasiada frecuencia resulta evidente que una vez conseguida esa libertad, no sabemos a ciencia cierta qué hacer con ella y volvemos a establecer los mismos patrones de comportamiento que dieron origen al conflicto: volvemos al poder. El poder se establece única y exclusivamente en condiciones de desequilibrio y precisamente en ello radica su base y el problema, en la inequidad y la falta de justicia, de respeto, honestidad y responsbilidad, valores fundamentales y causas principales de cualquier conflicto interpersonal.

Si analizamos a profundidad nuestras relaciones, seguramente encontraremos que detrás de la mayoría de los conflictos se encuentra una relación desigual, una relación en la que impera el ejercicio del poder desde alguna de las partes.  Puedo afirmar -casi sin temor a equivocarme- que esta es en esencia la raíz, o al menos forma parte de ella. En contraposición, detrás de una relación armónica, sana y productiva, se encuentran la equidad, respeto y justicia…la solidez de los valores son el punto de partida.

            El crecimiento y el amor forman parte de nuestra naturaleza, de nuestro ethos, y no conozco a nadie que no responda positivamente a estos estímulos. Una relación se compone de al menos dos partes que son necesariamente distintas y complementarias en algún sentido y que se realimentan entre sí. Sin embargo, para que una relación, cualquiera que sea, pueda adquirir un sentido positivo se requiere de la inversión de las partes involucradas.

            Para que exista una relación de poder, se necesita de alguien que someta y de al menos otro más que sea sometido; de alguien que abuse y otro que se deje ser abusado. De igual forma, para que exista una relación de crecimiento y de amor en su sentido más amplio, se necesita de alguien que ofrece y de otro que recibe de común acuerdo, esto es un prerrequisito.  No existe posibilidad de relación, sin la participación activa de al menos dos partes involucradas, y no hay relación productiva posible si no existe un acuerdo mutuo: el consentimiento y la voluntad de ambos lados resultan necesarias.

            Autoridad y poder son dos cosas distintas que a veces confundimos. Cuando imponemos o exigimos sin conocer, o sin tomar en consideración las necesidades y los intereses de la otra parte, estamos ejerciendo poder… y aún cuando nuestra finalidad y nuestra intención sean totalmente positivas, es muy factible que estemos también estableciendo las bases para iniciar una guerra de poderes. Lo mismo sucede cuando asumimos el extremo contrario, y somos demasiado permisivos; cuando dejamos que los demás decidan y actúen por cuenta propia, sin una visión compartida y sin considerar nuestras necesidades o puntos de vista, pero sí nos implican de una u otra forma en y con sus acciones. En ambos casos, estamos estableciendo un relación basada en el poder, de un lado u otro, y esto puede llegar a desencadenar en guerra. Según Nietzsche “la guerra vuelve estúpido al vencedor y rencoroso al vencido”. Concuerdo plenamente. Desde mi perspectiva, la autoridad es algo distinto y más valioso, por mucho. Es una mezcla de reconocimiento y respeto que se construye paso a paso, se consigue a través del prestigio personal y se gana a partir del esfuerzo y el trabajo compartido.

El respeto y la igualdad de oportunidades es necesaria para lograr que una relación sea constructiva y productiva, que nos ayude a crecer. Esto aplica para todo tipo de relaciones: entre compañeros y amigos, entre padres e hijos, en pareja y entre colegas…cualquiera que sea. En una relación productiva, nuestras similitudes nos acercan y nuestras diferencias nos complementan y enriquecen, pero esto es únicamente posible a través del diálogo, el conocimiento y la consideración hacia el otro. El poder exige, la autoridad orienta y guía. Si en lugar de imponer, somos capaces de argumentar y llegar a un consenso ante puntos de vista divergentes, lejos de distanciarnos, estos pueden ayudarnos a abrir nuevas perspectivas y horizontes, nuevas posibilidades…pero para esto requerimos invertir en la construcción de autoridad, en lugar de únicamente ejercer poder.

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La autora es licenciada en docencia de Inglés y máster en administración de instituciones educativas, se ha desempeñado en el ámbito educativo por más de 25 años, en áreas de docencia, desarrollo académico y curricular, y coordinación IB. Ha trabajado como consultora independiente y organizado conferencias de formación para padres con la participación de diversas instituciones educativas, y como columnista en un periódico local, tiene un especial interés por generar aprendizaje organizacional en las instituciones educativas y actualmente es Consultora académica de UNO Internacional para la región de Sinaloa.

 

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