Autor: UNOi

Fecha: 11 de mayo de 2017

Los rostros del Bullying. Parte 2.

Los rostros del bullying – Parte II Por: Redacción UNOiNews/ Jovel Álvarez Pocas cosas en esta vida son más difíciles que ver a un niño […]

Los rostros del bullying – Parte II

Por: Redacción UNOiNews/ Jovel Álvarez

Pocas cosas en esta vida son más difíciles que ver a un niño ir por el camino equivocado. Muchos padres se enfrentan a estos episodios cuando sus hijos crecen y comienzan a tomar decisiones erróneas en sus vidas. Sin embargo, hay padres que ignoran (o pretenden ignorar) que sus hijos están en el camino equivocado desde temprana edad: el camino del acosador.

La moneda del bullying tiene dos caras: la víctima y el victimario. En el artículo anterior hablamos sobre los niños víctimas de acoso escolar y cómo reconocerlos. Hoy quisiera dedicar estas líneas al reconocimiento del acosador.

Los motivos que llevan a un niño a cometer acoso estudiantil son diversos, pueden ir desde un sistema educativo con esquemas equívocos, hasta las circunstancias intrafamiliares (especialmente si en casa ve maltratos hacia algún miembro). Este tipo de factores moldean la actitud del niño, quien finalmente llega a normalizar la violencia.

Por lo general, el acosador es un líder pues muestra ante sus compañeros una personalidad arrolladora, capaz de construir buenos lazos sociales pero de infligir dolor en quien no pertenezca a sus círculos, por los motivos que él o ella determinen adecuados.

Pese a la seguridad que muestra ante el mundo, este niño podría encontrar dificultad para asumir las consecuencias de sus actos y acuda ante la autoridad para lograr eximirse de la culpa. Los niños acosadores buscarán victimizar a quienes vean más vulnerables dentro del grupo -inseguros, callados e introvertidos-.

Es normal que los acosadores estén rodeados por un grupo de amigos que los alienten a perpetrar el daño, son elementos pasivos en el ciclo del bullying.

Este tipo de actitudes pueden resultar, a largo plazo, condicionantes en el entorno laboral de esas personas con problemas para controlar sus emociones y su ira, pues al verse sometidos a una autoridad podrían entrar en conflicto permanente.

Uno de los indicadores de que nuestros niños podrían tener un concepto positivo de la violencia es el seguimiento de series televisivas, películas, cómics o videojuegos con índices de violencia que van desde los golpes hasta el asesinato.

Además, puede verse una ausencia de empatía ante el sufrimiento de otros, enorgullecimiento de su conducta agresiva, referencias despectivas de alguno de sus compañeros, no cumple las reglas de la casa y no pide perdón cuando ha actuado mal pues no siente culpa.

Si nuestros niños son acosadores estudiantiles, como padres, el primer paso es aceptarlo y hablar con ellos, intentar hacerles comprender el daño que le hacen a sus compañeros y, en caso necesario, proporcionarles la atención psicológica que requieran con el fin de mejorar el control de sus emociones y crear una sana convivencia con sus iguales.

Cuando nuestros niños toman un camino equivocado, es nuestra obligación, ayudarlos a rectificarlo.

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