Autor: UNOi

Fecha: 9 de mayo de 2017

Los rostros del bullying. Parte 1: Señales de alarma.

Por: Redacción UNOiNews/ Jovel Álvarez Conocí hace un tiempo a un niño verdaderamente brillante, con las mejores calificaciones de la escuela y que al llegar […]

Por: Redacción UNOiNews/ Jovel Álvarez

Conocí hace un tiempo a un niño verdaderamente brillante, con las mejores calificaciones de la escuela y que al llegar a casa era alabado por sus padres debido a su rendimiento académico.

Lo que sus progenitores desconocían era que por esta virtud tan apreciada, este niño de nueve años era víctima de acoso escolar por parte de sus compañeros. El niño lo callaba, lo aguantaba, se encerraba.

Solo quien haya pasado por la terrorífica experiencia de ser “buleado” por lo que otros consideran sus virtudes, puede entender lo que se siente verse en la situación de tener que cambiar para aumentar las probabilidades de encajar en un grupo.

Ciertamente, situaciones así podemos encontrarlas a lo largo del camino de la vida, sin importar la edad o el entorno. Pero una cosa somos nosotros, y otra nuestros niños.

Nuestros padres no tenían la consciencia de lo que el acoso escolar significaba en la vida de los pequeños, lo veían como una parte del proceso, y cuando descubrían que su hijo era acosado en muchos casos la recomendación era acudir a la violencia para defenderse.

La generación de los padres de hoy es distinta, informada, capaz y empoderada. ¿Cómo podemos saber si nuestro hijo es víctima de bullying?

Los expertos coinciden al señalar puntos básicos que podrían indicar la presencia del acoso escolar en la vida de nuestros niños.

  1. Cambios de comportamiento. Un síntoma típico se presenta los domingos por la noche, cuando, tras un fin de semana de tranquilidad, empiezan a mostrarse ansiosos por el regreso a la escuela al día siguiente.
  2. Signos físicos. Pérdida de material escolar de forma inexplicable o daños en su uniforme sin aparente explicación.
  3. Síntomas psicosomáticos. Este punto se refiere a esos malestares que se manifiestan al levantarse, como mareos, dolores de cabeza, molestias o alteraciones gastrointestinales, sensación de asfixia u opresión en el pecho, temblores, palpitaciones, alteraciones del apetito o del sueño.

Ante estos síntomas, y tantos otros que podrían ser una señal para pedir ayuda de nuestros niños, es importante mostrar un apoyo incondicional y propiciar la apertura del niño para escuchar su vivencia y emprender de forma adecuada los pasos para llegar al fin del acoso.

Siempre debemos creer lo que nos digan nuestros niños en lo referente al acoso escolar que sufren, pues para ellos abrirse a contarlo es suficientemente duro como para encontrarse después con la pared de la incredulidad de sus padres.

(Continuará)

En el próximo artículo veremos cómo detectar si nuestros hijos son los acosadores y cómo enfrentar este otro rostro del bullying.

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