Autor: UNOi

Fecha: 15 de junio de 2014

La escuela del siglo XXI

¿Cómo debe ser la escuela, el aula, la educación en la actualidad? Pese al contexto existente sobre una necesidad de cambio, las instituciones educativas continúan […]

Andrea Treviño en Educación XXI
Andrea Treviño en Educación XXI

¿Cómo debe ser la escuela, el aula, la educación en la actualidad? Pese al contexto existente sobre una necesidad de cambio, las instituciones educativas continúan en la búsqueda de una pedagogía que les permita adecuarse a nuestros tiempos.

La emisión de este sábado de Educación XXI que bajo la conducción de Leonardo Kourchenko transmite W-Radio, tuvo como invitada en cabina a Andrea Treviño, coordinadora académica de UNO Internacional y, por vía telefónica a Arnaldo Esté, director pedagógico, también de UNOI.

Para iniciar, Leonardo se refirió al congreso celebrado la semana pasada por UNOi con más de 500 directores de escuelas en siete países latinoamericanos, en donde se analizó y debatió en torno a las características de la escuela del siglo XXI.

Andrea Treviño destacó la importancia de que haya una reflexión al interior de la escuela, ya que aunque estamos conscientes de que debemos cambiar todo parece indicar que seguimos haciendo lo mismo. Parece, dijo, que la escuela es un espacio de reproducción cultural donde queremos mantener la disciplina, el rigor, el conocimiento, los contenidos. Aún cuando en  el discurso manejamos el desarrollo de habilidades y la formación de la persona, parece que no conseguimos desprendernos de las prácticas anteriores.

Desde Caracas, Venezuela, el educador y filósofo Arnaldo Esté señaló que debemos estar contentos de ser testigos de los cambios que ocurren en el mundo, aunque no son correspondidos en la institución educativa, en particular en la educación básica, donde hay muchas dificultades para llevar a efecto las presunciones. Hay un deseo general de cambiar, pero como el cambio ocurre en la intimidad del aula hay mayor resistencia. Estamos tratando de introducir una propuesta metodológica, pedagógica que funcione en el aula y no sea tan difícil de aplicar, que los maestros puedan desarrollar y los niños se sientan más gratos, con más interés por lo que ocurre ahí.

Respecto al cómo, Andrea mencionó que por sus muchos años de constituida, es difícil pensar la escuela de un modo distinto No obstante la presencia de la tecnología en la vida cotidiana y en el aula seguimos haciendo las misma cosas; entonces, ese cambio no necesariamente está dado por la tecnología sino por una reflexión más profunda de lo que es la identidad de la escuela y de lo que se supone que es su misión. Recordó que platicando con algunos directores y docentes le comentaban que la misión de la escuela es aprender y, sin embargo, escuchando a Arnaldo en el congreso, él nos planteaba a la escuela como un lugar de creación, de generación cultural donde los niños puedan ejercer su originalidad y producir cosas, crear cosas. Eso ya le da la vuelta a la idea de escuela que tenemos.  El nivel de discusión que esto implica para que eso se concrete, requiere un poco de atrevimiento para desafiar lo que ahora hacemos.

Atnaldo Esté. Foto de archivo.
Atnaldo Esté. Foto de archivo.

Por su parte, Arnaldo subrayó que hay tareas muy importantes para el director y el maestro. Se trata fundamentalmente de cambiar la forma relación social que se da en el aula de clase; es decir, la relación tradicional que se da difícilmente la puede transformar en conocimientos operativos, en competencias. Hay que pasar de un maestro informador a un maestro problematizador, Su relación social es plantear, retos, intrigas, problemas, y poner a los niños a reflexionar y a transformar esa reflexión en proposiciones y en acciones. Esta es la línea. Y lo digital por supuesto es de mucho apoyo porque permite llevar al aula una cantidad de información que antes el maestro procuraba pero no alcanzaba. En cambio ahora, la información queda en manos de Internet y todo lo demás, es decir, que el desarrollo de la discusión, la reflexión, la formación de competencias, para la vida, para el trabajo, y la formación de valores –entre los cuales la dignidad tiene un nivel fundamental–, se forma activando. Y se activa porque se intriga, se problematiza y se lleva al niño por medio del problema a la escalera de la creación. Esta es la línea fundamental de cambio: filosófico, sociológico, un cambio de la relación pedagógica y sustancial en la metodología. Esto no depende tanto de cambios y de reformas educativas –que ayudan–, sino de la disposición de directores y maestros a cambiar su metodología.

Interrogados por Leonardo sobre la escuela ideal del siglo XXI, Arnaldo se manifestó por la flexibilidad espacios y horarios. El espacio de la escuela no es solo el aula. Está además el espacio inter-escolar, jornadas, ferias, encuentros donde cada escuela muestre los productos culturales que alcanzó, en la ciencia, en los deportes, en las artes. El espacio digital, se incorpora a la escuela y además un intercambio, el acceso no sólo a la información sino problemas y a simulaciones. Como ejemplo mencionó que con no mucha inversión se pueden construir cosas en el aula con una impresora 3D.

Para Andrea la escuela debe ser un lugar donde el niño se sienta productivo; que quiera ir y sienta que vale la pena; que los años cursados den fruto; donde los niños se sientan con la posibilidad de cambiar el mundo; como dice Arnaldo, con espacios y horarios flexibles; sin restricciones de cubrir el programa y medir conocimientos, sino donde el niño pueda vivir toda su originalidad a través de la resolución de problemas reales; más en contacto con la realidad de su mundo. Andrea se pronunció por la idea de Pablo Doberti de hacer análisis de la escuela que tenemos y la escuela que queremos.

Abundó Arnaldo diciendo que una escuela formativa pretende que los niños adquieran competencias, que son habilidades y saberes que se pueden emplear en un contexto específico de trabajo, de producción y de relación social. Una competencia comunicativa, dijo, no es simplemente saber leer, sino leer para aprender y resolver un problema. Subrayó que la escuela debe asociarse, por supuesto, a una atmósfera de valores como la dignidad y la participación.

Sobre cómo sería una clase, Arnaldo dijo que comenzaría por un problema y no con información. Un problema que toque al niño en su intimidad; por ahí problematizarlo, abrir la reflexión individual, trabajar en grupo y llegar a proposiciones que pueden ser una dramatización, una canción, una manualidad, una pintura, en fin, y no necesariamente ceñidas a las demandas de contenido. Se trata de una educación multi y transdisciplinaria que se hace por problemas y proyectos que cubren los contenidos, pero de una manera diferente que a veces los supervisores no entienden. Esta metodología transgrede los plazos habituales, son los ritmos propios de una creación, de una producción cultural.

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Dijo Andrea que cuando planteas un problema le das otra dimensión a la formación del alumno; generas una necesidad de investigar de reflexionar. Es donde le devuelves esa necesidad de ser productivo, lo cual lo dignifica: que yo alumno haga algo que merece ser escuchado y compartido, no sólo estar sentado escuchando. Destacó la importancia de seleccionar los problemas pertinentes para las diferentes edades para que los niños vayan construyendo un acervo de información, de habilidades, de valores y demás cosas que implican la formación de una persona.

Para la segunda mitad del programa, Leonardo comentó con Andrea y el auditorio una serie de serie de aspectos obsoletos en las escuelas del presente siglo que compiló en su blog Ingvi Hrannar, un docente de Islandia; entre otros: salas de cómputo; aulas aisladas; escuelas sin WiFi; prohibición de celulares y tabletas; coordinadores de tecnología limitadores; boletines; horarios tempranos para adolescentes; bibliotecas tradicionales; educar igual a todos; talleres estándar para maestros; y, exámenes estandarizados.

Para concluir, Andrea dio lectura al manifiesto sobre la escuela que queremos, surgido de la visión de los más de 500 directores participantes y con el cual concluyó la semana pasada el congreso de directores celebrado en Panamá:

MANIFIESTO

Queremos una escuela para todos. Construida por espacios abiertos y cerrados, donde se pise un suelo fértil. Una escuela que permita percibir la naturaleza como elemento que nos constituye. Una escuela donde convivan animales y plantas. Donde fructifique el alimento. Donde la sombra de los árboles sea el abrigo de la lectura y la reflexión. Donde el viento provoque desorden y llene de inquietud, de transformación, de procesos. Donde la lluvia nos recuerde el valor del agua y del planeta. Un interminable ciclo de materia y de vida.
Queremos una escuela para todos. Una escuela, profesores, padres, directores. Para vivir plenamente el presente, para experimentar posibilidades; para encarar riesgos, desafíos y responsabilidades. Una escuela llena de curiosidad, de imaginación, de creatividad. Una escuela llena de deseos, de dudas, de incertidumbres. Una escuela que transpire compasión, generosidad y dignidad.
Queremos una escuela que sea el mundo; que necesite de otras escuelas, de otras culturas para alimentarse de la diversidad de la cultura humana; de aventura, de construcción del conocimiento. Queremos una escuela construida por personas, emociones, alegrías, tristezas. IUna escuela que se reinvente en cada persona que participa en ella.
Queremos una escuela para todos: alumnos, profesores, padres, directores. Una escuela construida por todos. Queremos una escuela de todos.

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