Autor: UNOi

Fecha: 7 de septiembre de 2016

La dichosa calificación

¿Queremos menos a nuestros hijos porque saquen una nota baja o reprueben un examen? Aunque venimos de una tradición educativa donde la calificación lo era […]

¿Queremos menos a nuestros hijos porque saquen una nota baja o reprueben un examen? Aunque venimos de una tradición educativa donde la calificación lo era todo, poco a poco el mundo está comenzando a entender que la importancia del aprendizaje no radica en los números en una boleta, que si bien pueden reflejar el conocimiento, no garantizan que éste se aplique.

En Finlandia, eterno referente en materia de educación, los alumnos reciben calificaciones al final del año escolar, solo para saber en qué nivel están; pero no para compararse con sus colegas, sino para entender si se alcanzaron los objetivos establecidos al inicio de las clases. “Más que en los resultados individuales, creemos en el proceso de aprendizaje”, asegura la ministra de educación Marjo Kyllönen. La evaluación no es responsabilidad única del profesor, sino que los alumnos cuentan con medios para evaluarse a sí mismos y a sus compañeros, así como a través de la retroalimentación entre pares.

En el desempeño académico influyen factores diversos que abarcan tanto las habilidades cognitivas y emocionales como los hábitos y técnicas de estudio,  el entorno y los valores.

Precisamente, para orientar el proceso de aprendizaje, los colegios que aplican en México el sistema de Uno Internacional, disponen de una serie de evaluaciones cualitativas que, en palabras de Laura Elizondo, directora académica de Lexium –aliada de UNOi en este proceso–, “…ofrecen información de calidad sobre los procesos de aprendizaje de las personas; por ejemplo, en habilidades intelectuales, emocionales o de lectura”.

En UNOi la evaluación abarca a alumnos, maestros y a la propia institución. Para Araceli Pastrana, coordinadora del proceso, la importancia radica en que la información derivada de estas evaluaciones ofrece a los colegios la oportunidad de conocerse a mayor profundidad y tener elementos para formular sus planes estratégicos de mejora continua. Con estas herramientas se obtienen datos más puntuales sobre cómo trabajar con los alumnos.

Si a tu hijo le gusta ir a la escuela, observas que resuelve problemas más complejos, puede explicarte  las tareas y te cuenta lo que hicieron en clase, son todas señales de que sus maestros están haciendo su trabajo. La verdadera motivación aparece en el niño cuando percibe que está aprendiendo. Si también los padres lo percibimos, quizá no prestemos tanta atención a la boleta.

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