Autor: UNOi

Fecha: 7 de abril de 2014

Habilitando cambios

por Dionisia Pappatheodorou    “Actuar es fácil, pensar es difícil; actuar según se piensa es aún más difícil” Johann Wolfgang Goethe. El auge de las ciencias […]

Foto: © eltoro69 7 depositphotos.com
Foto: © eltoro69 7 depositphotos.com

por Dionisia Pappatheodorou   

“Actuar es fácil, pensar es difícil; actuar según se piensa es aún más difícil”

Johann Wolfgang Goethe.

El auge de las ciencias marcó definitivamente a la humanidad. Los esquemas convencionales de pensamiento y el sistema educativo tradicional tienen su base en el enfoque científico, centrado en conseguir un resultado específico mediante la reproducción exacta de secuencias que componen un hecho o situación determinada. Promueve la fragmentación, la descomposición del sistema en elementos a fin de realizar un análisis individual y profundo de cada uno ellos. Esto nos permite comprender lo que sucede y replicar los procesos logrando con bastante exactitud un mismo resultado… siempre y cuando el proceso se lleve a cabo en condiciones iguales o muy similares. El enfoque sistémico efectúa el proceso inverso: reúne las partes en un todo coherente, para integrar una visión global, panorámica de la situación. Lo cual complementa el esquema científico.

La visión sistémica nos proporciona la oportunidad de descubrir la interrelación entre los elementos involucrados, a fin de detectar los patrones de comportamiento del sistema a lo largo del tiempo, que generalmente permanecen invisibles. Estudiar el sistema nos ayuda a comprender los procesos y la dependencia entre causas y efectos que se producen con el paso del tiempo, permite descubrir sus tendencias, aún ante condiciones cambiantes. Comparado con el esquema científico, el pensamiento sistémico constituye una forma complementaria de abordar situaciones que nos permite visualizar los procesos evolución, y las conexiones que existen entre los elementos del sistema. 

Una manera suave de transitar de un esquema a otro consiste en transformarlo, lo cual implica un desarrollo gradual que parte de lo existente y lo toma en cuenta para evolucionar. Pero en ocasiones requerimos revolucionar, realizar cambios de raíz que no son nada sencillos. Cuando este es el caso, comprender el sistema en su totalidad incluyendo los procesos de re-alimentación implicados, ayuda considerablemente a conseguir fines preestablecidos en situaciones complejas. Obviamente, esto resulta extraordinariamente valioso en educación.

Desde un enfoque sistémico, somos nosotros mismos quienes promovemos o habilitamos de una u otra forma lo que nos sucede, formamos parte de ello, y por lo tanto tenemos también la capacidad de modificarlo. Podemos inducir cambios graduales, progresivos, y monitorearlos –mediante procesos de re-alimentación- para lograr los resultados deseados. En otras palabras, podemos influir –aunque sólo de manera indirecta- en lo que sucede, a partir de variaciones realizadas en nuestro propio comportamiento. Tomemos como ejemplo concreto, la postura de los padres ante los berrinches de sus hijos:

Cada cosa que hacemos está motivada por algo y cumple una función determinada. Seamos o no concientes de ello, a cada una de nuestras acciones le antecede una causa, algo que nos mueve a efectuarlo y nos pone en acción. No hacemos nada únicamente porque sí, y esto es una ley universal: a toda causa corresponde un efecto.  Entonces, cada vez que un niño hace un berrinche, lo hace con la finalidad de obtener algo que desea o necesita. Eso es lo que le motiva a hacerlo. Sin embargo, existe una infinidad de formas para conseguirlo, y en ello estriba la diferencia. Hacer pataletas es sólo una de ellas.

Un niño hace berrinche para ganar atención, con la finalidad de satisfacer su carencia o su gusto. Si lo obtiene de ésta forma, no habrá necesidad alguna para modificar su comportamiento, y lo más probable es que repita exactamente la rabieta cada vez que quiera conseguir algo… a menos que no le funcione. En estos casos, la visión y la respuesta de los padres son la clave. Si los padres no responden al arrebato, y se toman el trabajo de razonar con el pequeño, enseñándole que la forma de conseguir algo radica en solicitarlo apropiadamente, y se mantienen consistentemente en esta postura; el chico lo entenderá, y no tendrá otro remedio que adecuarse a ello. Pero no transformará su comportamiento si lo padres son inconsistentes, y el niño logra su propósito a través del berrinche.

Aplicado para evidenciar relaciones entre causas-efectos, el pensamiento sistémico nos permite descubrir la forma en que habilitamos y reforzamos determinadas conductas o situaciones cotidianamente sin percatarnos, estableciendo con ello patrones de comportamiento y de interrelación que bien podemos modificar para obtener mayores beneficios.

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Dionisia cepLa autora es licenciada en docencia de Inglés y máster en administración de instituciones educativas, se ha desempeñado en el ámbito educativo por más de 25 años, en áreas de docencia, desarrollo académico y curricular, y coordinación IB. Ha trabajado como consultora independiente y organizado conferencias de formación para padres con la participación de diversas instituciones educativas, y como columnista en un periódico local, tiene un especial interés por generar aprendizaje organizacional en las instituciones educativas y actualmente es Consultora académica de UNO Internacional para la región de Sinaloa

 

 

 

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