Autor: UNOi

Fecha: 18 de octubre de 2013

Gracias por nada

  Miré hacia el escenario. Miré el salón, a los padres, al maestro, y a mí.   Pensé en una palabra Pensé agradecer Pensé mejor.   […]

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Miré hacia el escenario.
Miré el salón,
a los padres, al maestro,
y a mí.
 
Pensé en una palabra
Pensé agradecer
Pensé mejor.
 
No era honesto decir algo
Porque se esperaba que lo dijera.
¿Falta de gratitud?
Gracias en esta ocasión no me representaba.
 
Caminé por el pasillo entre sillas y aplausos
Subí al escenario, me puse frente a él,
Tomé el papel arrollado y mi medalla.
 
Permanecí mudo
El silencio fue mi aliado
Bajé y miré para atrás
Descubrí que él tampoco esperaba nada.
 
Fui honesto,
Él también.
Fue un vínculo banal.

La rutina, la práctica reiterada, el rito vacío, la seguridad conocida, nos pone inexorablemente en estos lugares de trasparencia existencial.

Da lo mismo, haber pasado o no por la vida de los otros.

La bisagra se hace cuando hay coraje, pasión, foco en el alumno, honestidad intelectual e inteligencia puesta al servicio del educar.

Maestro no es un título, es un ejercicio.

La tragedia educativa contemporánea no se debe tanto a la falta de nivel de los alumnos (es sólo un síntoma de tantos), como a la intrascendencia que implica, para no pocos, el paso por la escuela.

Como docentes debemos hacernos dignos de un gracias sentido.

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