Autor: UNOi

Fecha: 30 de enero de 2014

Entre rutinas y cambios

por Dionisia Pappatheodorou La vida normalmente nos lleva a desarrollar rutinas que nos ayudan a simplificar lo que hacemos, a ir eliminando pasos gradualmente llegando […]

Imagen: © eltoro697depositphotos.com
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por Dionisia Pappatheodorou

La vida normalmente nos lleva a desarrollar rutinas que nos ayudan a simplificar lo que hacemos, a ir eliminando pasos gradualmente llegando a realizarlos con gran destreza y de manera un tanto automática, es decir, sin necesidad de ocupar nuestra mente consciente para llevar a cabo un proceso. Esto se logra esencialmente mediante la repetición sistemática de los mismos pasos, realizándolos una y otra vez hasta llegar a mecanizarlos. Aprender a conducir puede servir como ejemplo para ilustrar un proceso mas o menos complejo que logramos realizar en forma sistemática mediante la práctica continua.

Hacer las cosas de manera secuencial y automática ofrece una serie de ventajas importantes: nos permite ahorrar tiempo y energía para ser mucho más eficientes. Además, sobre la marcha podemos ir agregando nuevos pasos a la secuencia e ir perfeccionando la técnica, llegando a obtener a la larga cierto grado de maestría en procesos que pueden ser altamente complejos. Es por ello, por la productividad que puede conseguirse mediante la automatización y el perfeccionamiento de procesos, que la idea de producción en serie tuvo tanto éxito y auge durante la era industrial. Esta idea, incorporada por Henry Ford a la línea de montaje automotriz inicialmente, fue extendiéndose paulatinamente llegando inclusive a convertirse en un paradigma de la época, con amplias repercusiones en muchas otras áreas además de la industrial.

Aunque la idea de productividad y mejora de procesos entendida como la suma de efectividad y eficiencia, surge y se implementa en áreas de administración, algunos de los principios fundamentales del pensamiento industrial fueron trasladados también a la educación y prevalecen aún en la actualidad. La división del trabajo escolar por materias y por grados, así como la idea de una educación homogénea y estandarizada, provienen precisamente de estos principios administrativos, mismos que fueron transferidos a la educación.

Sin lugar a dudas, el establecimiento de rutinas diarias es de gran valor en educación, especialmente durante la infancia, ya que entre otra cosas, nos ayudan a formar hábitos y desarrollar el sentido de orden y disciplina, aspectos importantísimos para la consecución de metas y logros en el futuro. Sin embargo, cuando hacemos las cosas en modo automático, es fácil volvernos “ciegos” o poco perceptivos ante aspectos relativamente importantes de nuestra vida, y no es raro que los adultos lleguemos a enfrascarnos en lo cotidiano, lo rutinario y simplemente pasemos por alto muchos detalles con respecto a lo que sucede a nuestro alrededor.

Cuando llegamos a mecanizar un proceso, llegamos a dominarlo sin mayores esfuerzos, y todo desarrollo necesariamente conlleva un esfuerzo. Lo que hacemos sin esfuerzo no genera crecimiento, por lo que una vez dominado un proceso, corremos el riesgo de que nuestras rutinas nos lleven a instalarnos en nuestra zona de confort y dejemos de hacer esfuerzos continuos. Es fácil caer en la monotonía y permanecer estáticos, o simplemente perder de vista detalles importantes que llegan a disminuir nuestra calidad de vida. Me parece que la rigidez ante el cambio, en ocasiones consecuencia de una vida sumamente rutinaria,  puede ser uno de los rasgos más peculiares que caracterizan a algunos miembros de generaciones veteranas, en gran contraste con las nuevas generaciones, quienes naturalmente poseen una flexibilidad y avidez necesaria para manejarse exitosamente en una era que se caracteriza precisamente por el dinamismo, la aceleración y los cambios continuos.

Considero que este marcado contraste contribuye sustancialmente en la actualidad a separar la distancia entre generaciones, enfatizando la brecha generacional aún mas que en cualquier otra época. Pero de cualquier forma, sabemos que todo exceso conduce al dolor, y por ello, lo importante ahora es tratar de integrar los extremos para encontrar el punto medio entre la seguridad y el perfeccionismo de lo rutinario; y el riesgo, la incertidumbre de la innovación, y la osada creatividad que se percibe en la actualidad… conseguir el equilibrio es siempre lo ideal, y en ello consiste el reto.

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Dionisia cepLa autora es licenciada en docencia de Inglés y máster en administración de instituciones educativas, se ha desempeñado en el ámbito educativo por más de 25 años, en áreas de docencia, desarrollo académico y curricular, y coordinación IB. Ha trabajado como consultora independiente y organizado conferencias de formación para padres con la participación de diversas instituciones educativas, y como columnista en un periódico local, tiene un especial interés por generar aprendizaje organizacional en las instituciones educativas y actualmente es Consultora académica de UNO Internacional para la región de Sinaloa.

 

 

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