Autor: UNOi

Fecha: 23 de octubre de 2014

El Trato. Toma De Decisiones | Uno Internacional

Por Dionisia Pappatheodorou “No se nos otorgará la libertad externa más que en la medida exacta en que hayamos sabido, en un momento determinado, desarrollar […]

Foto: © eltoro69/depositphotos.com
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Por Dionisia Pappatheodorou

“No se nos otorgará la libertad externa más que en la medida exacta en que hayamos sabido, en un momento determinado, desarrollar nuestra libertad interna.”

Mahatma Gandhi.

En los últimos días, como parte del programa de formación, he tenido oportunidad de asistir a una serie de pláticas y conferencias dirigidas a padres de familia, en combinación con toda la planta docente y directiva de diferentes colegios en mi región. La idea de incluir a todos los actores involucrados en la educación de pequeños y jóvenes, tiene como finalidad conformar una comunidad UNOi que sume, desde su ubicación particular, al proceso educativo. Para conseguirlo, necesitamos sincronizarnos, estar todos en el mismo canal, construir una visión compartida y aportar al proceso educativo en la medida y de la forma en que a cada uno nos resulte posible.

Las acciones son decisiones. Nuestras acciones son producto de decisiones que tomamos -ya sea de forma conciente o inconsciente- y estas acciones producen un resultado que evaluamos, y que nos conduce a modificaciones para las acciones futuras.

El siguiente texto, escrito por Robert Fritz y tomado del libro Escuelas que Aprenden, escrito por Senge y otros, tiene como propósito ofrecer a padres de familia y educadores un criterio que sirva como base para monitorear el proceso de toma de decisiones en niños y jóvenes.  Considero que puede resultarles ilustrativo, por lo que deseo compartirlo con ustedes. Tiene por título: EL TRATO.

“Para desarrollar la capacidad de tomar decisiones se necesita práctica. Cuantas más tome un joven, mas oportunidades tendrá  de ver las consecuencias de ellas; pero con mucha frecuencia, los adultos tienen miedo de dejar a los jóvenes que elijan su propio camino.

En mi familia inventamos un método de manejar esta situación, la llamábamos “el trato”. Consistía en esto: nosotros teníamos el deber de cuidar de nuestros hijos pero ellos tenían el deber de aprender a cuidar de sí mismos.  A medida que fueron creciendo, pudieron tomar más y más decisiones por su cuenta. Todos sabíamos que les pasaríamos a ellos  la decisión en cuanto mostraran que eran capaces de tomarla para su propio bien. Al poco tiempo, ya ellos mismos resolvían sobre la ropa que querían usar, la hora de acostarse, las clases de música, la manera de pasar el tiempo y muchos otros aspectos de su vida. Si bien continuábamos siendo nosotros los que juzgábamos qué era lo que les convenía, nuestros criterios eran bastante obvios. Una persona que constantemente trasnocha tanto que perjudica su salud y su capacidad de funcionar, obviamente no está preparada para resolver a qué hora se debe acostar.  La última parte del trato era esta: en cualquier campo en que ellos no estuvieran capacitados para tomar la decisión, nosotros teníamos el deber de enseñarles cómo tomar buenas decisiones, de modo que se pudieran encargar de tomarlas ellos mismos lo más pronto posible. Este trato funcionó bien en mi familia porque era justo.

Lo importante del “trato” es entender los papeles de los adultos  y los niños. El de estos últimos es ser cuidados; el de los adultos es cuidar de ellos.  Más adelante el papel de los jóvenes es tener quien cuide de ellos mientras están aprendiendo a cuidar de sí mismos. ¿Quién tiene las mayores posibilidades de hacer buenas elecciones en la vida, el adolescente que ya ha tomado miles de decisiones o el que nunca ha tenido esa experiencia?  Cuando hay que elegir en cuestiones sexuales, de drogas o de seguridad, es mucho mejor ayudarles a los jóvenes a tomar muchas decisiones de distintos tipos para que adquieran experiencia directa de sus consecuencias.”

Lo anterior es algo que he puesto en práctica y ha resultado ser muy útil y productivo dentro de mi vida familiar, funciona muy bien en casa, e intento continuamente promoverlo en el ámbito profesional, aunque con menos éxito. La realidad es que ha resultado fácil llevar a cabo este trato en términos familiares, con mis hijos; sin embargo en el contexto de la escuela, no ha sido lo mismo. Lo que sucede, es que cuando lo platicamos, parece simple, queda claro a nivel de comprensión, pero llevarlo a niveles superiores es otra cosa. No es lo mismo comprender que aplicar, implementar. En este sentido, Chris Argyris hace una distinción entre lo que el llama “teorías expuestas” (lo que decimos) y “teorías en uso” (lo que hacemos). Cuando ambos aspectos se encuentran alineados, podemos decir que somos congruentes: hacemos, decimos y pensamos lo mismo. Actuamos de manera íntegra y somos confiables, podemos entonces llegar a convencer.

La implementación de un nuevo aspecto dentro de una organización, al igual que en la organización familiar, parte de esta alineación para poder consolidarse con el tiempo. Se requiere primeramente de liderazgo, y éste se se fundamenta en la autoridad moral, producto de la integridad y el auto-liderazgo. No basta solamente con decir algo, requerimos modelarlo, ser ejemplo para poder exigirlo; y en este punto, las cosas comienzan a complicarse…volvemos al inicio, las palabras son intrascendentes si no se traducen en acciones.

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