Autor: UNOi

Fecha: 1 de octubre de 2013

Cuatro prácticas que llevan a los alumnos a aprender con alegría

Blog do QMágico. 23/09/2013.  El modelo de aula tradicional ya no funciona bien. Vivimos en una época de transición, donde muchos profesores tienen dificultades para […]

Foto: © Monkey Business/depositphotos.com
Foto: © Monkey Business/depositphotos.com

Blog do QMágico. 23/09/2013.  El modelo de aula tradicional ya no funciona bien. Vivimos en una época de transición, donde muchos profesores tienen dificultades para satisfacer las necesidades de la nueva generación. Más claramente, estamos cambiando de un modelo centralizado a un modelo de enseñanza colaborativa. Los errores se convierten en un camino para el acierto, y no el factor determinante entre el éxito y el fracaso. Se hace a un lado la estandarización de la enseñanza para dar espacio a la personalización. Se valorarán nuevas competencias en los alumnos, tales como el pensamiento crítico, la empatía, la comunicación, el liderazgo, la ética, entre otras que son conocidas mundialmente como competencias del siglo 21.

La computadora, con un buen sistema educativo, es una gran herramienta para transformar el aula en una verdadera mina real de aprendizaje. Sin embargo, hay otras maneras de innovar y que se puede hacer sin necesidad de utilizar la computadora. Usando la “gamificación”, podemos implementar esos importantes cambios en la educación que tanto queremos, al mismo tiempo motivamos a los estudiantes.

“Gamificación” es un término que comenzó a ganar popularidad en 2010, pero que ya está siendo utilizado en diversas formas desde hace varios años. Consiste en usar elementos y técnicas de juego en contextos que no son de juego, con el fin de aumentar la motivación de las personas involucradas y resolver los problemas de ese contexto. No hay que confundir los juegos educativos con gamificación. Hecha esta presentación, vamos a lo que interesa.

Consejo 1: Transforme las notas en conquistas
Las notas son escalas que no dicen por sí mismas si un alumno es o no competente en la materia. Se puede argumentar que un promedio de 7 delimita la aprobación y la caracterización de la competencia. Sin embargo, abre la puerta a la interpretación de que una nota de 6,5 es «casi competencia.» No queremos que nuestros alumnos busquen la nota, queremos que busquen la competencia en sí. El logro de esta competencia puede ser representado por una medalla, un sello o una estrella. El maestro determina los logros a alcanzar y proporciona instrucciones sobre cómo hacerlo, lo que puede denominar misiones. Cada logro debe ser alcanzable con actividades cortas.

Por ejemplo, hacer una lista de los ejercicios sobre los Tiradentes en clase de historia puede ser una misión que tenga como recompensa la medalla «Conspiración minera». Para ganar la medalla «Movimientos de emancipación», el alumno debe obtener un conjunto de medallas, como la ya mencionada o la de «Revolución de Pernambuco», entre otras. El profesor juzgará la entrega de los premios, pero puede delegar la responsabilidad en los estudiantes que obtuvieron ese derecho. De hecho, las conquistas deben coexistir con las notas tradicionales, pero se presentan en lugar de éstas como una forma de estudio más motivadora.

Consejo 2: Abra un espacio para la colaboración
El momento en que estamos haciendo una prueba es de pura concentración. Es común ver a los estudiantes comentando y compartiendo las respuestas después de la prueba. Lamentamos  cada error cometido y deseamos regresar en el tiempo para corregirlo –también fuimos estudiantes un día.

Resulta que aprender de los errores es una práctica excelente. No pierdan maestros, esta oportunidad. Hagan lo siguiente: cada estudiante firma su prueba con un código que sólo él y el maestro conocen. Realizada la evaluación, el maestro corrige, pero sólo señala el número de errores y aciertos. En otro momento, devuelve las pruebas a sus alumnos, dando a cada uno una distinta a la propia. En este momento, cada uno tiene la oportunidad de incrementar la puntuación de un colega, identificando y corrigiendo los errores. Las reglas sobre el valor de la corrección y la forma de hacerlo las determina el profesor. Si el maestro lo decide así, puede haber una tercera ronda de la misma actividad. ¡Sólo imagine la alegría de los alumnos por conseguir mejores calificaciones al mismo tiempo que aprenden mejor sobre el tema estudiado!

Consejo 3: Valore las competencias y el conocimiento en lugar de la información
Los estudiantes requieren mucho más de conocimiento que de información. La información está disponible en forma gratuita para cualquier persona con acceso a Internet. Por lo tanto, evite dejar a los alumnos trabajos que se pueden hacer con una simple búsqueda en Google. Para ello, procure involucrar algunas de las competencias del siglo 21 (ver cuadro).

Competencias para el siglo 21

Cognitivas: Pensamiento crítico/poder de tomar decisiones/innovación/comunicación/análisis/capacidad de resolver problemas/aprendizaje adaptativo/interpretación/razonamiento y argumentación/habilidad de escuchar/alfabetización en TICs/función ejecutiva/ creatividad.

Interpersonales: Negociación/cooperación/orientación al servicio/comunicación asertiva/influencia social/autopresentación/confianza/responsabilidad/trabajo en equipo/liderazgo/empatía/toma de perspectiva/valoración para la diversidad/resolución de conflictos/automonitoreo/adaptación.

Intrapersonales: Integriudad/ciudadanía/responsabilidad/profesionalismo y ética/valoración del arte y la cultura/orientación para la carrera/autodidactismo/iniciativa/salud física y psicológica/productividad/flexibilidad/consciencia/perseverancia/metacognición/aprendizaje contínuo/determinación/autocuidado/interés intelectual y curiosidad.

 Fuente: Education for Life and Work: Developing Transferable Knowledge and Skills in the 21st Century (2012) 

Por ejemplo, en una clase de geometría, el maestro puede pedir a los alumnos que construyan alguna pieza de madera que utilice los conceptos aprendidos en clase. O los alumnos de historia formen grupos y desafíen a otros grupos con preguntas sobre el tema estudiado. Una simple tarea de búsqueda tiene mucho más valor cuando se limita el tamaño del texto que se entregará, obligando al alumno a leer y entender sobre el tema para entonces poder resumirlo.

Consejo 4: Introduzca el elemento sorpresa en la clase
Es cierto pensar que las normas para la aprobación en un salón de clases deben ser claras e iguales para todos. Sin embargo, el maestro, como educador, puede modelar el sistema con el fin de mejorar la motivación y el aprendizaje de sus alumnos, siempre que no perjudiquen a nadie con estas sorpresas. La sensación de que, en cualquier momento, dependiendo de la suerte, podemos ser recompensados ??de alguna manera, hace que el ser humano esté más atento a su entorno. Este elemento de sorpresa y suerte puede parecer completamente al azar para el estudiante, pero no tiene por qué serlo tanto en la perspectiva del maestro. Nadie necesita saber que el maestro le dio una mano de ayuda a un alumno que él cree que necesita más motivación, ¿no es así? Veamos algunos ejemplos:

  • Chocolate sorpresa: Al final de la clase, el maestro sortea a un alumno, el cual obtiene un papel con una pregunta escrita. Si responde a la pregunta en ese momento, gana dos chocolates. Si se la lleva a casa y la devuelve respondida sólo gana un chocolate.
  • Invitado especial: Llevar a un invitado especial para ayudar en el aula. Puede ser un ingeniero civil hablando sobre cómo se utilizan las matemáticas en su trabajo diario. O llevar un cachorro para ilustrar los mamíferos en la clase de biología.

Obviamente, no hay respuestas simples ni fáciles para los desafíos que enfrenta la educación. Lo único cierto, sin embargo, es que tenemos que enfrentarlos con una mente abierta, siempre dispuestos a probar algo nuevo y aprender rápidamente. Estos consejos van en ese sentido.

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El artículo original puede leerse en: http://porvir.org/porfazer/4-praticas-levam-alunos-aprender-alegria/20130923. Traducción UnoNews.

 

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