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Autor: UNOi

Fecha: 12 de junio de 2014

Creatividad

por Dionisia Pappatheodorou “La imaginación es más importante que el conocimiento” Albert Einstein. Ante la perspectiva de un mundo sumamente sofisticado y heterogéneo, la idea de creatividad resulta imprescindible. Que nuestros jóvenes sean capaces de hacer cosas nuevas, diferentes, y adaptarse a las múltiples situaciones que se presentan en un entorno en constante cambio, es […]

Foto: © eltoro69/depositphotos.com

Foto: © eltoro69/depositphotos.com

por Dionisia Pappatheodorou

“La imaginación es más importante
que el conocimiento

Albert Einstein.

Ante la perspectiva de un mundo sumamente sofisticado y heterogéneo, la idea de creatividad resulta imprescindible. Que nuestros jóvenes sean capaces de hacer cosas nuevas, diferentes, y adaptarse a las múltiples situaciones que se presentan en un entorno en constante cambio, es ahora mucho más importante que tiempo atrás. La información generada en el mundo en la actualidad se duplica a velocidades cada vez más inauditas, y el avance de las nuevas tecnologías hace prácticamente imposible mantener control sobre los progresos y la información. Esto hace indispensable que modifiquemos también nuestro enfoque educativo: procesar grandes cantidades de información de lo más diversa, y encontrar formas nuevas de aplicarla para la solución de problemas y situaciones de la vida cotidiana, son ahora habilidades mucho más valiosas que la simple repetición y acumulación de conocimientos.

La primera opción nos ofrece la posibilidad de generar nuevas alternativas y conocimientos a partir de prácticas y reflexiones… hablamos de ciclos de aprendizaje y de desarrollo sustentable; mientras que la segunda, nos coloca en una posición estática, sin grandes posibilidades de éxito en un mundo en extremo cambiante. Una gran diferencia entre ambas elecciones radica en la flexibilidad y la capacidad creativa. Vista desde esta óptica, la creatividad puede ofrecernos un poco de certidumbre ante lo desconocido: si somos capaces de crear diversas opciones y generar una serie de alternativas, es más fácil encontrar salidas y menos factible que nos sintamos atrapados. Mejor aún: en muchas ocasiones el simple hecho de creer en nosotros mismos, de sentir que podemos lograr algo, lo vuelve asequible y hacemos que realmente suceda. Lo convertimos en una especie de profecía auto cumplida… pero sucede igual a la inversa, y el miedo nos paraliza, eso es innegable. Si tenemos miedo de no lograr, de fracasar y no tener éxito, entonces dejamos de crear; y si no estamos dispuestos a equivocarnos, tampoco estamos dispuestos a crear y probar cosas nuevas.

La tolerancia ante los errores es prerrequisito para ser flexibles y creativos, y los niños lo son naturalmente porque no poseen miedo a equivocarse, ni a ser juzgados. No hay inhibiciones. Este miedo es aprendido y nuestra cultura y educación tradicionalista generalmente lo impulsa porque nos basamos en lo correcto, y en la competencia en el sentido de rivalidad. Los errores son poco tolerados y generalizamos las acciones, estas toman con frecuencia el lugar de la persona: decimos “eres…” en lugar de “actúas…”  las acciones son sencillamente modificables, las personas no.

La escritora norteamericana Elizabeth M. Gilbert, explica que existe una estrecha relación entre el sentido de responsabilidad generalizada: “si fallo, soy un fracaso” y la tolerancia al error; y una forma de sobreponernos consiste en recurrir a algo externo, como lo hacían los antiguos griegos y romanos. Ellos  atribuían la capacidad creativa a seres divinos, mitológicos: musas, genios… lo cual implica que la responsabilidad de equivocarnos es también compartida y somos parcialmente culpables de lo que salga mal, el resto recae sobre el ser inspirador.

Por infantil que parezca, esta idea puede funcionar, y lo cierto es que la creatividad es algo que debe nutrirse de manera continua. Para ello existen métodos, y entre los más comunes está la lluvia de ideas, que consiste en seleccionar un concepto o tema central, y dar rienda suelta a la imaginación. La finalidad es registrar cada una de las ideas que nos vengan a la mente, por extrañas o irrelevantes que sean; no importa si tienen sentido o no, lo importante es dejar fluir la imaginación y la información de nuestro subconsciente. Un poco de música puede resultar sumamente estimulante y productiva en esta etapa, y cada una de las ideas liberadas constituyen alternativas.  La siguiente fase consiste en analizarlas, organizarlas por categorías y encontrar conexiones prácticas, volverlas útiles.

Mantener una variedad de opciones es una de las maneras con las que mejor podemos adaptarnos a las numerosas y desconocidas situaciones futuras. Según el genio Albert Einstein “el secreto de la creatividad esta en dormir bien y abrir la mente a las posibilidades infinitas… ¿Qué es un hombre sin sueños?” cuestiona. Definitivamente, los límites están dentro de nuestra mente, y liberar nuestro potencial creativo puede llevarnos a generar también grandes logros.

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