Autor: UNOi

Fecha: 4 de septiembre de 2015

¿Cómo aprenden los niños a regular sus emociones?

Sería imposible hablar de un cambio educativo si no transformamos también nuestra visión del desarrollo socioemocional de los niños.

Sería imposible hablar de un cambio educativo si no transformamos también nuestra visión del desarrollo socioemocional de los niños.

En los últimos años se ha demostrado que la autoregulación es la herramienta que nos permite –como seres humanos- alcanzar el éxito personal, académico y profesional. Hoy sabemos que uno de los aprendizajes más valiosos para nuestros hijos es conocer, reconocer y aceptar nustras emociones para poder lidiar con ellas el resto de nuestra vida.

Les compartimos este artículo del Dr. Kenneth Barish, que habla de cómo podemos ayudar a nuestros hijos a que su vida sea mejor en todos los aspectos.

Como terapeuta de niños, a menudo me preguntan: “¿Por qué sigue actuando así –provocando a su hermana, rehusándose e hacer su tarea o a limpiar su cuarto, mintiendo cuando sabemos que lo hace y sabiendo que será castigado?”.

Muchos padres (y algunos terapeutas infantiles) asumen que, en estas situaciones, no han sido lo suficientemente consistentes para imponer límites o consecuencias para el mal comportamiento de sus niños. Pero la respuesta correcta casi siempre es: “Se comporta así porque está atrapado en la emoción del momento”. Lo mismo que nosotros, en ocasiones.

Entre los psicólogos infantiles se llegó a un consenso. A la capacidad creciente de un niño para “regular” sus emociones –para expresar sus sentimientos de maneras constructivas en vez de impulsivas o dañinas–, se le reconoce ahora como un factor crítico para la salud psicológica del niño.

La mejora en la regulación de las emociones conduce a beneficios en todas las áreas de la vida de un niño. Los niños que son capaces de regular sus emociones prestan más atención, trabajan más duro y alcanzan más logros en la escuela. Pueden resolver mejor los conflictos con sus pares y presentan menores niveles de estrés psicológico. También se comportan mejor y son más considerados con los demás. (Estas conclusiones se basan, en particular, en la investigación de John Gottman y sus colegas sobre los beneficios del coaching emocional a los padres.

La regulación de las emociones es una idea importante con un nombre desafortunado. Cuando ayudamos a los niños a regular sus emociones, estamos haciendo mucho más que ayudarlos a controlar su temperamento. Sí, necesitamos enseñarles –e insistir– que si desean hablar con nosotros sobre un problema, deben hablarnos en forma calmada. Aunque la regulación de las emociones es mucho más que el manejo de la ira.

Regular las emciones significa poder pensar de manera constructiva sobre cómo enfrentar los sentimientos. Queremos que los niños tengan sus sentimientos, pero no que nos abrumen con ellos –sentirse desanimado pero no rendirse; sentirse ansioso pero no quedarse en casa; y estar emocionado pero no dejarse llevar en su entusiasmo de manera que entorpezca su juicio al tomar decisiones.

En alguna medida existe menos consenso en cómo los niños aprenden esta habilidad emocional crítica. Algunos terapeutas hacen énfasis en los procesos cognitivos y han desarrollado programas para ayudar a los niños a pensar en forma diferente sobre situaciones que evocan fuertes sentimientos. Otros subrayan la importancia de establecer límites y ofrecer oportunidades para que los niños practiquen el autocontrol.

Sin embargo, en mi experiencia, los niños aprenden a regular sus emociones de manera más efectiva cuando tienen la confianza de que sus sentimientos serán escuchados. Cuando un niño espera que sus sentimientos y preocupaciones sean escuchados y entendidos, sus emociones se hacen menos urgentes. Debido a que cada decepción y frustración se sienten ahora menos dolorosas, el niño insistirá menos en sus demandas y será más abierto y flexible en la búsqueda de soluciones a los problemas. También será menos frecuente que se enfrasque en actitudes de culpar, argumentar o negar. Mejorará su capacidad de sentir empatía y disposición hacia otros y se hará responsable de sus acciones.

Por lo tanto, necesitamos dedicar un tiempo todos los días a escuchar las preocupaciones de los niños. Por supuesto, no podemos escuchar con paciencia –o simplemente bien– cuando estamos cansados o apurados; cuando estamos abrumados o preocupados; o, cuando, en este momento, estamos precisamente muy enojados. En un desarrollo sano, con el paso del tiempo, los niños llegan a entender esto.

En estas conversaciones, los niños comienzan a aprender que sus sentimientos negativos, aunque dolorosos, no durarán por siempre –que mediante su propio esfuerzo o con la ayuda de adultos solidarios, pueden hacer que las cosas mejoren. Esta podría ser la lección más importante que podamos enseñar, la lección más esencial para la salud emocional, presente y futura, de nuestros hijos.

Algunos asesores paternos creen que los padres contemporáneos prestan ahora mucha atención a las emociones de sus hijos –que nuestra preocupación por lo que los niños sienten se ha vuelto demasiado solícita e indulgente. Sin duda, hay algo de verdad en esta crítica.

Pero no debemos dejar que estos excesos, aunque comunes, nublen una verdad más importante: cuando aceptamos y valoramos las emociones de nuestros hijos, no sólo ayudamos a que se sientan mejor, los ayudamos a hacer mejor, en todos los aspectos de su vida.

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* Profesor asociado de psicología clínica en el Weill Medical College, Cornell University

El artículo original en inglés puede leerse en: http://www.huffingtonpost.com/kenneth-barish-phd/how-do-children-learn-to-_b_3890461.html.  Traducción UnoNews.

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