Autor: UNOi

Fecha: 31 de julio de 2014

Aprender de la experiencia

por  Dionisia Pappatheodorou “Si el presente trata de juzgar el pasado, perderá el futuro.”     Winston Churchill     No hay nada que imposibilite […]

Foto: © eltoro69/depositphotos.com
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por  Dionisia Pappatheodorou

“Si el presente trata de juzgar el pasado, perderá el futuro.”    
Winston Churchill    

No hay nada que imposibilite más el logro de resultados, que la falta de consistencia o la incongruencia entre lo que pensamos, decimos y hacemos… es por ello, que la inestabilidad e incertidumbre de los baby boomers, llega a marcar en forma definitiva el carácter de sus sucesores: generaciones X y Y o Net. Nacidos entre 1962 y 1981, la Generación X, vive una época en la que los cambios se dan de manera mucho más acelerada que antes, y por lo tanto se enfrentan con una sociedad más ecléctica y diversificada, pero decepcionada de todo. Predecesores de los Net, la generación X presenta como característica preponderante, la falta de claridad y definición de ideales, simbolizada precisamente, al igual que en matemáticas, por la incógnita universal o “X.”

Sin lugar a dudas, el dilema y la inseguridad de los padres, constituyen el origen de la apatía y de algunos excesos palpables en esta generación, quienes crecieron con muchas libertades y comodidades en comparación con ellos, pero con escasas o nulas exigencias. Esta combinación, aunada a la excesiva permisividad y tolerancia de sus padres, da como resultado –paradójicamente- una baja considerable de los ideales y las aspiraciones personales de estos jóvenes, la cual finalmente se traduce en un conformismo generalizado; en la idea de vivir la vida aquí y ahora, y sobrevivir con el mínimo esfuerzo.

Adicionalmente, el impresionante crecimiento tecnológico que se vive a partir de estos años, influye también de manera importante en el desarrollo y la forma de vida de la sociedad. Inicia una época en la que la estructura familiar se ve modificada, en la que los medios de comunicación tienen un significativo impacto y en la que el televisor se constituye como el medio de entretenimiento por excelencia, supliendo con enorme frecuencia el tiempo de convivencia e interacción entre padres e hijos. Lo anterior deriva en una terrible falta de orientación, que por supuesto, se ve subrayada en la siguiente generación.

Después de 1981 y antes del nuevo milenio, nace la cuarta y última generación definida, la generación Y o Net,  a quienes se les reconoce como una generación perdida, sin rumbo.  Hermanos menores de la generación X, los Net, crecieron al lado de padres con poco tiempo para atenderlos y en muchos casos divorciados, cuya culpabilidad se traduce generalmente en sobreprotección y esfuerzos desmedidos para cumplir todos sus caprichos. En consecuencia, llegan a ser personas neuróticas, sumamente exigentes, inmaduras, e incapaces de postergar la gratificación. Son controladores, dispuestos a lo que sea con tal de conseguir sus deseos; de hecho, se les reconoce como los pequeños tiranos, por el gran control que ejercen sobre sus padres.

Esta generación crece junto a la computadora y el Internet, por lo que están acostumbrados al sistema de computación bit 0 y 1: encendido o apagado…  no hay intermedios.  La clave para descifrarlos es precisamente Internet, y en este ambiente no existen jerarquías definidas, por lo tanto, no aceptan el sistema vertical del orden, ni la autoridad. Son sumamente creativos, capaces de llevar a cabo diversas tareas en forma simultánea; manejan varios lenguajes y su lema es independencia, variedad y participación. Prefieren la comunicación recíproca y rechazan el estilo estereotipado; aman la adrenalina y en términos generales poseen mala condición física. Padecen trastornos sociales y de alimentación, y tienen un fuerte conflicto con la ética y los valores. En ocasiones llegan a ser el sostén afectivo de sus padres, invirtiendo los papeles y llegando a mostrar una madurezque resulta ficticia. Los roles entre ambos géneros se vuelven más equitativos y complementarios, y las mujeres comienzan a sobresalir.

Evidentemente, cada generación posee sus propios aciertos y desaciertos, ninguna es mejor o peor que otra, simplemente son diferentes. Lo importante es aprender y tomar de ellas lo mejor; lo que nos sirve para construir mejores relaciones y elevar nuestra calidad de vida. En esto radica el verdadero valor de la historia, de cualquier historia: en la oportunidad que nos ofrece de aprender de las experiencias y de los errores, propios y de los demás… recordemos que si no aprendemos de los errores, estamos irremediablemente condenados a repetirlos.

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