Autor: UNOi

Fecha: 17 de junio de 2012

Las manos de papá

Él no lo sabe, pero yo sentí cuando apoyaba su diestra sobre el vientre de mi madre cuando yo todavía estaba ahí. Entonces tampoco sabía […]

Foto: © haveseen/depositphotos.com

Él no lo sabe, pero yo sentí cuando apoyaba su diestra sobre el vientre de mi madre cuando yo todavía estaba ahí. Entonces tampoco sabía yo que esa sensación placentera se repetiría a lo largo de mi vida, acariciando mi mejilla, desenredando mis cabellos o dándome un espaldarazo para enfrentar un reto o una palmada para reconocer un logro.

Con sus manos mi padre arrulló mi sueño, secó mis lágrimas, cambió mis pañales y preparó mis alimentos para luego palmear mi espalda. Con ellas me construyó juguetes, impulsó mi columpio y me lanzó la pelota. Con ellas voló conmigo un papalote y sostuvo la bicicleta para que yo aprendiera a pedalear.

Las usó también para mantenerme a flote en la alberca, levantarme en mis tropiezos y para elevarme sobre sus hombros y permitirme ver el mundo más allá de mi estatura.

Las manos de mi padre guiaron mis letras y números primeros, mis primeros dibujos. Firmó con ellas mis boletas y permisos y escribió cartas entrañables. Sus ademanes me dijeron sin palabras cuándo guardar silencio, cuando proseguir y me señalaron el camino por el que debía transitar.

Hoy quiero, papá, estrechar esas manos que ya no me parecen tan enormes y quizá tampoco tan fuertes, pero que siempre han estado ahí para apoyarme.

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