Autor: UNOi

Fecha: 17 de marzo de 2012

Enredados

Pablo Doberti. ¿Cómo era nuestra vida antes de Facebook? En términos operacionales, digamos que bastante parecida a la de ahora. Facebook no nos ha cambiado […]

Pablo Doberti.

¿Cómo era nuestra vida antes de Facebook?

En términos operacionales, digamos que bastante parecida a la de ahora. Facebook no nos ha cambiado esa vida, la práctica, la diaria. No entra por ahí. No nos trabaja en ese plano.

Pero sin embargo, nuestra vida es otra desde Facebook. Y a escala planetaria, por si fuera poco.
¿En dónde o por dónde entra Facebook en la vida de millones de personas y las cambia? (Yo tengo para mí que Facebook vale lo que vale por eso, porque ha entrado en la vida de millones de personas en todo el mundo para cambiarnos, y eso, la verdad, más allá de los modelos de valoración que los financieros puedan tener, no puede no valer.)

Facebook entra por las sensaciones que nos deja tener. Y las sensaciones son parte estructural y estructurante de la vida. Facebook nos eliminó la sensación de soledad. Ya nadie esta solo desde Facebook. Y más… Facebook nos hace sentir enredados, conectados todo el tiempo con otros, que además se llaman y se comportan como mis amigos. Otros  cercanos, otros abiertos y expuestos a nuestras intimidades. Otros desnudos, como yo; tan desnudos como yo. Otros definitivamente cómplices de lo que pueda venir.
Desde Facebook vivimos en red. Y una vez enredados es otra cosa. Entra vida por la pantalla; la pantalla es parte de mi vida.

Desde Facebook sabemos que podemos o podríamos, juntos, hacer mucho más de lo que imaginábamos que seríamos capaces de hacer, y además protagonizando. Desde Facebook sabemos que estamos listos. Que ahora sí. Que nunca antes habíamos sentido, como ahora, que estamos así de listos. Facebook nos alistó. La red nos da esa potencia. Enredarnos nos fortaleció.

Yo, el mismito que antes, ahora siento que puedo mucho más que antes. Y que muchos otros como yo, tan mismitos como antes, también sienten ahora que pueden mucho más que antes. Sentimos que sabemos que podemos. Es decir, podemos. Enredados en y por Facebook, ahora podemos. We can es ahora.
Facebook, entonces, nos dio poder. Es que las redes empoderan. Ponen más cerca a las personas y a los grupos y nos acercan los ideales. Nos confunden la vida con los sueños. Nos hacen ver que querer puede ser poder. Nos hacen sentir que sabemos que podemos. Nos hacen poder, en definitiva. Y ahora que podemos, ¿qué?

Redes de recorridos imprevistos, de enlaces insólitos y fecundos. Sinapsis alucinantes. Redes irreductibles.  Horizontales y niveladas, redes refractarias a las concentraciones y tan amigas de las distribuciones. Redes ideológicas aunque no lo parecieran. Redes coercitivas a la acción. Redes.

Y por las redes corren proyectos, en todas direcciones. Y los proyectos enlazan y van cohesionando a los amigos. Y de pronto hay miles, y de imprevisto hacen cosas que no hacían. De pronto se caen, también, es verdad. El proyecto debe tener base para no ser apenas un impulso efímero. Pero ahí van, miles de miles, de acá para allá y de allá para acá.

Facebook nos cambio la vida. Definitivamente. Aunque no tengamos Facebook, Facebook nos cambió la vida.
… Pero ahora vengámonos para acá. Y qué tal si probamos releer lo leído pero en donde dice Facebook leamos Red UNO. Y a ver… Tal vez aparezca lo mismo.

Para un colectivo específico como nosotros, tal vez estemos también empezando a sentir que de pronto la Red UNO nos puede cambiar la vida. Como allá en Facebook, no desde las rutinas más elementales, sino desde las sensaciones más estructurales. Estamos abandonando nuestras soledades y estamos instalando nuevas y ambiciosas potencialidades. Inmensas. Corre una adrenalina que me gusta llamarla ímpetu en nuestra Red UNO. Se siente el zumbido. Yo al menos lo siento.

Amigos por la Escuela XXUNO. El club de los sueños más trasnochados esta instalándose. Estamos enredándonos, queridos camaradas de la Red UNO, en una historia nueva. ¿Lo perciben? Estamos enredándonos en no sé qué que nos llevará sin dudas a no sé dónde; pero que vamos, ¡vamos!
Mientras estábamos enredándonos, ya hemos quedado enredados. Así de misterioso es el futuro perfecto del indicativo: de pronto nos habremos enredado. Ya no hay salida.

Y qué bueno, porque a esa salida creo que es más justo y mejor -a estas alturas- empezar a llamarla entrada.
Creo que nos haremos una pregunta similar en poco tiempo respecto de la Red UNO.

 

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