Autor: UNOi

Fecha: 23 de enero de 2012

El respeto al niño en la escuela y la violencia

Por Arnaldo Esté. En general los medios de comunicación se regodean con las informaciones que como noticias y mercancías de fácil venta, hablan de muerte, […]

Por Arnaldo Esté.

En general los medios de comunicación se regodean con las informaciones que como noticias y mercancías de fácil venta, hablan de muerte, asaltos, violaciones, venganzas, arreglos de cuenta.

La violencia entre los jóvenes en las escuelas es cotidiana y próxima.  No es necesario ver los informativos o abrir los periódicos. El chisme inmediato sobre la violencia vecina se hace saludo. La conversación se amarga.

Hay allí un grave costo social de vidas truncadas. Pero hay aun un costo ético mayor que menoscaba la calidad de vivir. Nos priva de espacios y lugares, de horas y momentos, de viajes,  visitas y disfrutes.

Sentir como si el  Demonio se apoderara de ellos. Y le cedemos tiempo y espacio recluyéndonos cada vez más al propio cerco de terror. El terror campea DUPLICANDOSE EN EL IMAGINARIO.

¿Qué tiene que ver esto con la educación? Y, más específicamente, con la Educación Formal, con el sistema educativo.

Una mirada no muy larga a un aula común nos descubre un cuadro dominante y permanente: un maestro hablando, explicando y unos niños sentados en filas de pupitres silenciosos, haciendo que escuchan o copiando desde un libro o desde la pizarra. Esta imagen es general y aceptada: allí se está educando, allí se está aprendiendo.

En realidad, poco se educa y menos se aprende. Pero lo que si ocurre con gran eficiencia es la negación y el irrespeto, la  violencia de la que es objeto continuamente el niño en ese escenario. No es tomado en cuenta, no es respetado, no es  reconocido como ser humano.

El respeto es mucho más que un acto de conservación. Es un acto de cultivo y enriquecimiento.  No es respeto tratar al niño como una hortaliza a la que se le coloca en el refrigerador para que no se pudra. El respeto no es tampoco dejarlo actuar o, a expresarse eventualmente. Hay que llevarlo a actuar y a comunicarse. Hay que crear el ambiente, los instrumentos y exigencias para que esa expresión se dé.

Si a mí me llevan a un ambiente extraño, donde no conozco a nadie (uno de esos compromisos!!!) y donde solo los iniciados hablan y participan, es claro que trataré de escabullirme tan pronto sienta que cumplí mi compromiso: no me fui: me fueron. Por supuesto me van a llamar desertor, drop out.

El niño no respetado puede responder de  muchas maneras, pero tomemos unas muy frecuentes:

  • Se somete y asume la pasividad y la actitud obediente y servil como la correcta. Busca entonces ser reconocido como sumiso, predecible, confiable.
  • Se encierra en su propia vida interior, que podrá o no realizarse al salir de clases.
  • Se margina y busca compinches en una pandilla en la que sí tendrá oportunidad de ser respetado y atendido.

Esto ha ocurrido por siglos y en casi todas las culturas donde ha existido la Escuela.

Pero ahora hay cambios y condimentos que le dan otra calidad a ese irrespeto escolar. La informaciones y estímulos que los niños reciben por todas partes e indeteniblemente: por Internet y por la intensificación de  los Medios sobre la existencia de graves  asimetrías sociales y que les hablan de ambientes donde se pueden realizar y ser reconocidos. De maneras de asociarse y agruparse, de éticas mafiosas con normas y leyes rigurosas, con las que se apoyan otras jefaturas y liderazgos que se presentan como opciones de vida, de vida a veces muy efímera, pero vida al fin.

También, y por los mismos Medios llegan informaciones sobre armas y recursos de violencia y la naturalización cordial de su uso en el lenguaje de los juegos digitales.

Así se le sirve la mesa a esta violencia que nos espanta.

La relación social, el juego social que se debe hacer en las aulas debe priorizar el respeto al niño. No como una simple opción o permiso que se concede a participar sino como una comunicación problematizadora, pertinente, intrigante, que incide sobre lo que el niño ya tiene en su acervo, que lo obliga a participar y así, a ser reconocido, respetado.

 

Close Bitnami banner
Bitnami